Un viaje a la mala suerte.

¡Enhorabuena! Ha ganado un vuelo gratis a la ciudad europea que usted elija.

Hace más de 20 años que Teodoro juega a la lotería todas las semanas. Siempre el mismo número, el mismo que antes jugó su padre durante décadas. Una de las pocas cosas que hicieron juntos, hasta que un cáncer puso fin a una vida hermética, gris e intrascendente. Teo, que es como a él le gusta que lo llamen, odia los fines de semana de los meses de verano, cuando el fútbol se juega en la playa dejándole huérfano de los domingos que pasa acompañado de ‘unos’, ‘equis’ y ‘doses’ de una quiniela que nunca le ha regalado más de una decena de aciertos.

El último domingo antes de quedarse huérfano de empates y victorias locales o a domicilio, Teo se levantó pronto, como siempre, se dio una ducha, hizo café en su cafetera italiana comprada en Roma en el que fuera su primer viaje a Italia, aquel viaje que recordaría toda la vida, y se sentó frente a su viejo y orgulloso portátil; que derrotó sin esfuerzo al presuntuoso de la manzana cuando se presentó por sorpresa hacía un par de años de la mano de su hijo, pavoneándose y seguro de ganar la batalla antes de desenfundar, pero  que fue condenado al ostracismo del último cajón del armario, acompañado de la arrogancia con la que llegó, para ser liberado solo por unas horas, cuando su antiguo dueño venía de visita, ocupando entonces, el lugar que consideraba de su propiedad y del que fue desahuciado sin tener apenas tiempo de desembalar.

Bandeja de entrada

Como de costumbre, lo primero que hizo Teo ese domingo cuando la pantalla de bienvenida de Windows XP desapareció para dar paso a un escritorio, pulcramente organizado, sobre una fotografía del Coliseo Romano, fue consultar su correo electrónico. Sabedor de que su bandeja de entrada lo recibiría, una vez más,  con algún que otro mensaje de promociones y ofertas de diferentes plataformas de venta online, junto a las habituales notificaciones de las dos redes sociales a las que el aburrimiento le llevó de la mano,  estuvo apunto de pasar por alto un correo que iba a cambiar la tranquilidad y el letargo que produce el tedio de una vida anegada de rutina, por la emoción y el entusiasmo que la suerte llevaba negándole durante años. Mientras iba seleccionando, de forma semiautomática, todos esos mensajes para enviarlos a mejor vida, llamó la atención uno remitido por una compañía aérea de bajo coste, con la que el había volado recientemente y muy aficionada a los sorteos, ofreciéndole en el asunto volar gratis a cualquier ciudad europea.

Teo no se lo podía creer, era la primera vez que le tocaba algo en su vida aunque se tratase de un simple billete de avión. Con el latido acelerado, hizo doble clic y abrió el mensaje. En su monitor apareció un email con el logo de la compañía y su inconfundible tipografía habitual y colores corporativos, felicitándole por ser uno de los ganadores de un vuelo gratuito, de ida y vuelta, para dos personas, a la ciudad europea de su elección, junto con dos noches en uno de los hoteles propuestos, en cualquier fecha a elegir; y solo a cambio de completar una breve encuesta online y compartir el enlace.

Roma. «Ciudad eterna»

Teo no lo dudo un instante y antes de escuchar el clic de su ratón sobre el enlace que le llevaría a la página de la encuesta, ya se había imaginado, esta vez junto a su hijo,  paseando de nuevo entre las ruinas del foro romano, perdiéndose por las calles del Trastevere al atardecer, disfrutando de un helado de nocciola sentados en la escalinata de la Piazza di Spagna, saborenado un capuccino frente al Pantheon, y por supuesto haciendo una visita obligada, antes de regresar, al dios Océano para agradecerle haber vuelto a la ‘ciudad eterna’, como asegura la tradición, al arrojar una moneda a los pies de los tritones, que guían su carroza domando los hipocampos.

Una vez aterrizó en la pestaña que se abrió para cargar la página de la encuesta, después de responder a tres preguntas, introdujo su número de teléfono tal y como le solicitaban para poder recibir un código promocional que debía insertar al realizar la reserva en la web de la compañía. Compartió el enlace y tras recibir un nuevo mensaje dándole la enhorabuena y agradeciéndole su participación, Teo cerro la pestaña y tecleo rápidamente la dirección de la compañía aérea para validar su código y efectuar la reserva.

Tras elegir las fechas del viaje, el hotel, el horario del vuelo e introducir todos sus datos, una vez se encontró en la página en la que se le solicitaban los datos para efectuar el pago e indicarel código promocional, Teo tecleo el número que le habían facilitado por sms en lugar habilitado para ello pero lo único que apareció fue un mensaje de error. Lo intentó varias veces pero nada, «código no válido». Pensó que quizá la página estaba colapsada así que decidió esperar e intentarlo más tarde y antes de llamar a su hijo para poder darle la noticia con todo ya solucionado. Y así lo hizo, una vez y otra y otra más… y siempre el mismo mensaje. Lo intentó durante todo aquel domingo hasta que la quiniela le escupió a la carate nuevo, los ‘unos’, ‘equis’ y ‘doses’ fallados con sus 10 aciertos, una vez finalizados todos los partidos.

Por la boca vive y muere el pez

Esa noche no pudo dormir, y no sería la única. El lunes llamó a su hijo y con la voz algo temblorosa y muerto de vergüenza le contó lo ocurrido: «Papá, mira que te lo tengo dicho. ¡Encima sigues utilizando el portátil antiguo con un sistema operativo sin soporte ni actualizaciones de seguridad desde hace años! Seguramente has sido víctima de una estafa por internet muy común que se llama phishing. No toques ni borres nada, anda.  Voy a ver qué ha ocurrido, si es grave o no, que se puede hacer, si es que se puede hacer algo, y poner una denuncia si es necesario».

Efectivamente, Teo había sido suscrito a un servicio de móvil de pago cuando introdujo su número de teléfono. Afortunadamente la cantidad estafada no fue excesivamnete alta, pero lo que más le dolió a Teo fue no poder ir a Roma con su hijo y recordar aquel viaje de recién casados, que hacía ya más de 4 décadas, compartió con su esposa.

Por cierto, quién también salió ganando además de los hackers, y sí se alegró de lo ocurrido fue el arrogante de la manzana, que hoy ocupa y luce orgulloso en el lugar del que siempre se consideró,  legitimo heredero.

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